No saber matemáticas no provoca cáncer, pero da sustos

Versión 3Te despiertas tan tranquilo y te encuentras con que la carne roja es cancerígena, que la Organización Mundial de la Salud compara el jamón y el chorizo con el tabaco y el alcohol. ¡Alarma!

Los números que arroja el estudio son de hecho alarmantes, y las cantidades consideradas “inocuas” para un consumo diario más bien moderadas. ¿Estoy destrozando la salud de mis hijos a fuerza de bocatas de jamón? Calma…miremos bien esos números.

¿Qué quiere decir en realidad que “comer 50 gramos de carne procesada al día aumenta el riesgo de cáncer en un 18%”, como amenazan los titulares de la OMS? Dicho así, sin más datos, nada. Porque no sabemos cuánto es el total al que se refiere el 18%. Si la noticia se hubiese dado haciendo referencia a datos absolutos de padecimiento de cáncer colorrectal en la población mundial, la reacción ante la noticia habría sido como mucho tibia, cuando no de indiferencia. La cosa no es, ni mucho menos, para tanto. Vamos a verlo:

Centrándonos en España, el riesgo de padecer cáncer colorrectal para un ciudadano cualquiera, sea cual sea su dieta, es algo menos del 2%, aunque eso dependa mucho de dónde vive, y de cuál es su nivel económico, claro. Pero en promedio, 16 de cada mil españoles sufrirán un cáncer de este tipo alguna vez en su vida. Como doy por hecho que el español medio consume ya 50 gramos diarios de carne roja o preparada (sea solomillo o aguja de segunda; sea pata negra o mortadela) el estudio indica que el riesgo de padecer cáncer colorrectal si se dejasen de consumir carnes rojas y preparadas en cantidades mayores a 50 gramos diarios sería algo inferior. Si no consumiésemos carne roja o preparada, “solo” 13 (y no 16) de cada mil sufrirían ese cáncer alguna vez en su vida. Para esos tres es importante, claro, pero meter en el mismo saco al filete y al cigarrillo es grotesco. Seguro que hay factores más determinantes… como la influencia en la salud cardiovascular, por ejemplo. (Los cálculos son propios y aproximados, utilizando fuentes de la OMS y de la Fundación Mundial para la Investigación del Cáncer, con una incertidumbre es de al menos uno en mil en datos absolutos).

Además, la noticia es científicamente irrelevante, porque no informa de la incertidumbre del estudio, eso comúnmente llamado “el error”: no se nos informa ni del error estadístico, debido al azar al elegir la muestra, ni del sistemático, mucho más difícil de conocer y evitar, pues se debe a cómo de representativa es la muestra de la población que se estudia.

Varias reflexiones se pueden hacer al hilo de esta historia.

1) El modo tendencioso de dar la noticia no parece desinteresado. Tal vez se trate de un ataque contra las industrias cárnicas (?), o simplemente de aumentar la visibilidad de la OMS para posicionarse frente al debate de presupuestos internos de la ONU. La misma noticia expresada en términos absolutos de riesgo no sólo se entiende mucho mejor, sino que modera su impacto, destierra el escándalo y afianza la credibilidad.

2) La comparación de la carne roja fresca o las carnes preparadas con el tabaco (responsable de la inmensa mayoría de los cánceres de pulmón) o con el alcohol es indefendible. La OMS debería destituir a todo su Departamento de Prensa por mezclar churras con merinas.

3) Nuestra sociedad de la información no se puede permitir el analfabetismo numérico preponderante si quiere ser una  democracia real. El ciudadano tiene que poder entender para poder elegir. Solo un elector adecuadamente educado e informado ejerce su derecho a voto de manera responsable.  Los ejemplos de nuestra historia reciente son variados: el riesgo de un submarino nuclear anclado en Gibraltar o del armamento de uranio empobrecido, la (supuesta) peligrosidad de las antenas de telefonía móvil, el uso adecuado o no de una estadística, o el encubrimiento culpable de los datos en eufemismos economicistas enrevesados, son sólo algunos ejemplos.

Nos hace falta estudiar más historia y filosofía, pero también más matemáticas y ciencias. En la Sociedad de la Información, el ciudadano necesita todas esas armas para ejercer su libertad.

Físico de profesión, investigo en el CSIC desde 2001 y antes estuve tres años en el CNRS de Grenoble. Trabajo en magnetismo de nanosistemas y moléculas. Realizo buena parte de mi labor investigadora en fuentes de radiación sincrotrón de todo el mundo. Dedico más tiempo del que me gustaría a labores de evaluación y gestión de la investigación, e intento hacer divulgación allí donde me llamen. Tengo dos hijos, mi familia es el eje de mi vida, me gusta leer, nadar, el waterpolo y la música.
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