¿Quién pilotará la segunda transición?

transicion_politicaEstamos en Diciembre del 2015. España lleva tantos años de democracia (38) como en 1977 llevaba de dictadura franquista. El mundo, el país y nosotros mismos hemos cambiado mucho; nuestra constitución, nuestras instituciones y nuestros partidos políticos, relativamente poco.

Dos placas tectónicas en fricción; la institucional (estática) y la social (en estado de creciente enfado) que, gracias la espoleta de la crisis y de la corrupción, ocasionaron en la primavera de 2011 el terremoto del 15-M, momento en que se puso en marcha en España el proceso hacia una segunda transición. Como en 1977, el torrente de energía se liberó por calles y plazas. Como entonces, la divergencia entre sociedad e instituciones cristalizó en una amalgama de colectivos que se pusieron a hacer política real desde la defensa de causas concretas. 4 años después, algunos de esos activistas ocupan cargos de responsabilidad al frente de ayuntamientos, y han surgido partidos nuevos que canalizan por la izquierda y por la derecha la indignación.

Al igual que hace 38 años, ha habido un relevo en la Jefatura del Estado. Cambio al que los más radicales tildan de lampedusiano (cambiar para que nada cambie), pero cambio al fin y al cabo. Al igual que entonces, se habla ya sin tapujos de una reforma constitucional en profundidad que sirva de estructura para que este país enfrente con éxito tanto sus propios retos como los retos globales, al menos durante otros 38 años.

Sólo una cosa es desconocida a día de hoy: quién pilotará esta “segunda transición”. Tenemos la sensación de que el 20 de Diciembre España elige mucho más que un presidente de gobierno. Elegimos a esa figura capaz de conducir al país en su conjunto hacia ese nuevo marco de convivencia que nos haga mejores:

  • La primera característica necesaria es contar con alguien que desee avanzar y no retroceder.
  • La segunda: necesitamos que lo haga desde la transversalidad, sin que ni estratos sociales ni territorios se queden por el camino. Avanzar sin dejarnos jirones es clave, y para ello la segunda transición difícilmente podrá pilotarse desde los extremos.
  • Finalmente, nadie que no entienda la diversidad territorial de España puede plantear avance sensato alguno. Planteamientos recentralizadores pueden ser rentables electoralmente, pero supondrán una victoria pírrica a medio plazo cuando miremos atrás y veamos que una parte de nuestro territorio no nos sigue.

La nueva Constitución debe permitir que la mayoría de los individuos se reconozcan en ella, sin importar el territorio donde vivan, su situación económica, su orientación política o sus creencias personales. Debe sacar consecuencias de la crisis económica, política y social para consagrar derechos inalienables como la vivienda, o la transparencia. Debe convertir el Senado en una cámara territorial eficaz y rentable para la construcción de país.

Esta segunda transición es una formidable oportunidad para nuestra sociedad. A diferencia de la anterior, se hace sin ruido de sables y sin terrorismo autóctono. Sin leyes de amnistía. Desde la madurez cívica y democrática cultivada en casi 40 años de aprendizaje a base de errores y aciertos, con un balance, sin duda, de muchas más luces que sombras. Una transición, en definitiva, desde la democracia hacia una “mejor democracia”.

Que el próximo 20 de Diciembre pueda, por fin, empezar la próxima etapa en la historia de este país depende de todos y cada uno de nosotros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *