Palabras y gestos

imageHay  algo que Podemos hace mucho mejor que ningún otro partido en España, y es manejar las palabras y el contenido de sus mensajes, que se cuelan sistemáticamente en todos los medios de comunicación, que muerden el anzuelo y proporcionan a esta formación un escaparate público como el que no se recuerda en este país.

Lo llevamos viendo desde hace dos años, desde aquel día en que Pablo Iglesias decidió dar el salto de los sillones de las tertulias de La Sexta a los asientos del Parlamento de Bruselas a base de conceptos como el de “casta”, “clase política”, “emergencia social” o, con gestos como los de la semana pasada durante la toma de posesión de las actas de diputados. El caso es que llevamos mucho tiempo hablando de todo lo que la gente de Podemos quiere que hablemos, y como es de todos conocido, no hay nada como manejar el lenguaje y el discurso para llevar la iniciativa en todo lo demás: si alguien te dice que no pienses en un elefante es muy difícil que en tu mente no aparezca un tremendo bicho gris con colmillos y trompa, eso ya nos lo enseñaron hace tiempo, pero parece que solo los más listos estuvieron aquel día en clase porque de momento son los únicos que parecen comprender cómo se hacen hoy en día las cosas.

Hace algunos años hablaba en otro sitio de lo peligroso que es para un partido responder a la agenda impuesta por otra formación con la que compite, y si por aquel entonces era el PP el alumno más aventajado en este campo, hoy es Podemos quien más claro tiene que la política se hace en los medios de comunicación.

Solo hace unos días que Pedro Sánchez, el único que parece haber entendido de verdad el resultado de las elecciones, reaccionaba por fin y empezaba a pasar al ataque en esto de los gestos y explicar las cosas a la ciudadanía cuando comentaba que si Podemos no quiere acordar la formación de un gobierno con el PSOE es porque “prioriza la agenda territorial sobre la agenda social”, para a continuación marcharse unas horas a Lisboa a escenificar su deseo de repetir en España el acuerdo entre los partidos portugueses de izquierda para formar gobierno.

Evidentemente no se trata tan solo de gestos y lenguaje, pero si Pedro Sánchez y el resto de socialistas aspiran realmente a formar esa coalición de gobierno, tendrán que empezar a recuperar el terreno perdido y recordar a la gente -por tierra, mar y aire-  que el partido que representa a la izquierda, el que transformó y modernizó nuestra sociedad y nuestra economía y creó un estado de bienestar, el que hizo que este país se convirtiera en referente en políticas sociales, fue el PSOE. Y esto no son solo palabras…

Del 72, historiador vocacional, trabajo en una ONG en la que me ocupo de las alianzas con el sector privado y de la incidencia política. Adicto a la información, me interesa casi cualquier cosa que pasa a mi alrededor. Futbolero en retirada, seriéfilo, y tan cándido como para pensar que todavía se pueden cambiar las cosas. Me gusta pensar y escribir sobre políticas públicas y partidos.

2 comments
  1. El poder creador de la palabra es tan antiguo como la propia palabra, evidentemente. Y hace mucho que esto se sabe. Pero el gesto, la acción, supera o al menos iguala esa potencia creadora. No bastan palabras, hace falta también gestos, acciones. Es evidente que hay que actualizar el discurso socialista: “el partido que representa a la izquierda” no es solo el PSOE; existe izquierda más allá del PSOE; sin duda. Pero sobre todo hace falta cambiar las políticas: es cierto que el PSOE ha modernizado este país sacándolo del aislamiento y de la miseria cultural y económica en que lo había hundido el franquismo, pero también es cierto que el PSOE se ha cargado de una pesada mochila con muchas promesas electorales incumplidas. Y de otros “gestos” peores. El PSOE tiene mucho que cambiar. No juega solo en el campo de la izquierda.

  2. Completamente de acuerdo, pero creo que coincidirás conmigo en que el PSOE está mostrando también esos gestos que atisban un cambio. En el proceso que está teniendo lugar estos días se vislumbran las dos formas de entender la organización: la más tradicional e inmovilista, la que responde todavía a los dictados de esos/as que la prensa llama “barones”; y otra muy difernte, que ha entendido que las reglas del juego han cambiado y que hay que ofrecer una serie de cosas muy diferentes a las de hace 25 años. Yo confío en que esta última versión sea la que se salga con la suya.

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