Si Adam Smith levantara la cabeza, o de cómo Esperanza Aguirre jamás ha sido liberal

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Dani Gª Nieto. Aragón Digital

La dimisión de Esperanza Aguirre hace una semana ha supuesto el abandono de una de las más importantes políticas de la historia de España. Con una interesante mezcla de inteligencia y mala leche, si algo no se le puede negar a la expresidenta y exalcaldesa de Madrid es su gran capacidad para generar titulares, ganar adhesiones casi inquebrantables entre su electorado, capear temporales, y generar casi tantos odios como adhesiones entre los propios votantes y militantes del PP.

De entre las muchas cosas que llaman la atención de la personalidad de la condesa de Bornos es su persistente autorreferencia como seguidora del liberalismo británico, de manera que, a poco que le pongan delante un micrófono, enseguida empieza a desgranar las bondades no solo de los autores liberales clásicos, sino de su heredera más ilustre, Margaret Thatcher, de quien Aguirre se ha confesado en más de una ocasión ferviente admiradora.

La cuestión es que, a fuerza de escuchar una y otra vez estas afirmaciones todos hemos terminado por creerlas, y de hecho, existe cierto consenso respecto a la idea de que Esperanza Aguirre es realmente un “cuerpo extraño” dentro de la estructura del PP. Sin embargo, un ligero análisis del comportamiento político de Aguirre empieza a plantear  muchas dudas respecto a esta afirmación.

Hay que recordar que el liberalismo promovió la ruptura con el orden establecido por las monarquías absolutas, y que sus principales reivindicaciones eran la defensa de las libertades individuales, la lucha contra cualquier forma de tiranía y poder despótico, y una nítida separación entre la religión y el Estado. El respeto a la propiedad privada, la intolerancia ante cualquier forma de corrupción, y el laissez faire de Adam Smith en economía, eran los dogmas en torno a los cuales se agruparon autores como Jeremy Bentham, James Madison o John Stuart Mill, entre otros muchos.

El propio Madison, cuarto presidente de Estados Unidos, advertía ya a finales del siglo XVIII de los peligros de que alguna de las “facciones” (minorías, grupos de interés, o como queramos llamarlas) que intervienen en los mecanismos de un estado terminen por imponer sus intereses particulares por encima de los colectivos. O Jeremy Bentham, para quien “una democracia tiene por característica, objeto y efecto preservar a sus miembros de la opresión y la depredación de manos de aquellos funcionarios que emplea para su defensa”; es decir, evitar cualquier tentación de uso corrupto de lo público.

Si analizamos la gestión de Esperanza Aguirre al frente de instituciones como el Ayuntamiento o la Comunidad de Madrid y comprobamos cómo prioriza la religión por delante de otras enseñanzas, o cómo misteriosamente algunos proyectos públicos favorecen los intereses económicos de su familia o, finalmente, cómo durante su gestión se creó y alimentó una inmensa red destinada a saquear las cuentas de todos los madrileños uno puede concluir que por mucho que insista, doña Esperanza puede pretender ser lo que quiera, pero desde luego, liberal, va a ser que no.

Bonus track: al calor de esta peculiar forma de entender la política, nos ha llegado en los últimos días un par de noticias que refuerzan esta idea de que algunos dirigentes del PP tienen una concepción del Estado como ente que sirve sólo a sus intereses personales y los de su partido político. Me refiero al Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, para quien el escrache al concejal de seguridad de Madrid parece ser algo diferente al que sufrían hace meses algunos dirigentes del PP. El mismo ministro al que en una preocupante visión de la separación de poderes, le parece “llamativo” que el poder judicial ejerza su tarea de forma independiente. Pero bueno, estamos hablando de un personaje que condecora a vírgenes y para el que no hay una inauguración que no cuente con un sacerdote y su correspondiente bendición. Todo muy liberal.

Del 72, historiador vocacional, trabajo en una ONG en la que me ocupo de las alianzas con el sector privado y de la incidencia política. Adicto a la información, me interesa casi cualquier cosa que pasa a mi alrededor. Futbolero en retirada, seriéfilo, y tan cándido como para pensar que todavía se pueden cambiar las cosas. Me gusta pensar y escribir sobre políticas públicas y partidos.
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