En apoyo de la regeneración democrática

elpaisconlaconstitucionEl PSOE, con la convocatoria del congreso exprés por parte de Pedro Sánchez y la consiguiente dimisión de casi la mitad de su ejecutiva, vive su momento más trascendental desde el órdago que Felipe González lanzó al partido en 1979 para que éste abandonara el marxismo. Como entonces, la crisis de ahora es triple: generacional, ideológica y de conexión con la sociedad.

Los jóvenes dirigentes que se auparon a la dirección del PSOE a finales de los años 70 consiguieron, con su golpe de timón, virar hacia la socialdemocracia moderna y re-conectar con una sociedad civil en ebullición tras décadas de abotargamiento bajo la bota de la dictadura. Al igual que entonces, el PSOE de ahora sufre una “desconexión social” galopante, especialmente entre la gente joven y urbana. Una brecha que se ha ido agrandando al mismo ritmo que sus dirigentes envejecían y que el modelo de partido de 1979 se deshilachaba ante el empuje de una sociedad a la que la crisis ha puesto de nuevo en pie.

La España de 2016 es mucho mejor que la de 1979, en buena parte gracias a la acción modernizadora de muchos gobiernos socialistas a nivel nacional, autonómico y municipal. Y sus gentes también somos diferentes: estamos más informados y mejor formados. 40 años de democracia y 5 de indignación nos han enseñado a demandar más participación y más derechos. Pedro Sánchez es el primer secretario general que lo es por decisión directa de sus militantes. Josep Borrell, el único candidato a presidente del Gobierno que ganó antes unas primarias, cayó víctima de las zancadillas de los mismos que llevan un año y medio segándole al actual secretario general la hierba bajo los pies.

El multi-partidismo ha dibujado un mapa político de enorme complejidad en el que las brújulas tradicionales fallan más de la cuenta: yerran las encuestas, los politólogos, los analistas, y yerran las cúpulas de los partidos. Por tanto, la crítica leal a la acción política de Pedro Sánchez y de su ejecutiva es tan legítima como necesaria. Sin puntos de vista alternativos, la probabilidad de equivocarse, ya de por sí considerable, aumenta. Sin embargo, la discrepancia ha traspasado recientemente un umbral que debería ser sagrado: las campañas electorales. Si la campaña del 26J tuvo ya demasiado ruido interno, en la reciente campaña para las elecciones vascas y gallegas del 25S el ruido llegó al nivel de ahogar la voz y las propuestas de nuestros candidatos. Al simple militante de base que se cree y defiende el proyecto socialista en su entorno familiar o social, que echa una mano cuando hace falta y que no percibe un sueldo por su actividad política le cuesta entender estas actitudes hostiles hacia el secretario general elegido por mayoría de la militancia.

En esta situación, en que la desunión ahoga el discurso de los candidatos socialistas y cercena las posibilidades, ya de por sí muy escasas, de conformar un gobierno alternativo al de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez decidió a principios de semana convocar un proceso de primarias para someter su cargo (y con ello, su cuestionada estrategia política), de nuevo, a la decisión de la militancia. Nuevamente, se podrá discutir lo acertado de tal decisión, pero lo que parece indiscutible es su carácter participativo y democrático.

Que los plazos para el proceso de primarias sean ajustados, que lo son, se debe a la necesidad de reforzar la figura del secretario general y candidato a presidente de cara a unas negociaciones para formar gobierno dentro de los plazos que tal proceso conlleva. Sólo hay algo que debilite más la posición socialista en las negociaciones para una alternativa de gobierno que un Pedro Sánchez cuestionado: la ausencia de secretario general y de candidato a presidente. La dimisión en bloque de 17 miembros de la Ejecutiva Federal, en caso de lograr tumbar a Pedro Sánchez, tendrá como efecto inmediato entregar el gobierno de España a Mariano Rajoy sin hacer partícipes a los militantes de una decisión vital para el futuro de nuestro partido.

Defender, en este momento histórico para el PSOE, la posición del secretario general, significa, en primer lugar, negarse a que el PSOE sea la muleta salvadora del partido más anti-sistema de cuantos conforman el arco parlamentario: el PP. Pero sobre todo, significa apoyar la regeneración y la democracia interna del partido más importante en la historia de este país y, queremos creer, el más necesario para su futuro: el Partido Socialista Obrero Español.

Por todo ello, hoy desde Glocalistas pedimos el apoyo y apoyamos a Pedro Sánchez y a su equipo.

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