Los Otros

nicole-kidman-los-otros-escenaEs una frase de esas, muy manida, que uno tiene que reconocer que comparte (o compartía): “el PSOE es el partido que más se parece a España”. No solo eso. El PSOE es también la organización política que tradicionalmente mejor ha entendido a la sociedad española. Gran parte de ese mérito se debe a Felipe González, seguramente uno de los personajes más importantes del siglo XX para nuestro país; el político que supo transformar una organización que apenas contaba con respaldo al final de franquismo, para convertirlo en una auténtica máquina de ganar elecciones en apenas media docena de años. Pero también el que asumió como propia la tarea de modernizar el país en un tiempo récord favoreciendo la entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea; impulsando una (socialmente) costosa pero necesaria reconversión industrial; creando los pilares sanitario y educativo de un estado de bienestar en mantillas; estableciendo un sistema de pensiones con el consenso de todos los partidos; y desarrollando una red de infraestructuras propia de una economía que aspiraba a figurar entre las veinte primeras del mundo.


Esto explica que de 1977 a 2011 el resultado del PSOE en las elecciones generales fuera masivo y bastante homogéneo en todo el país. Aquello parecía indicar que una parte importante del electorado (independientemente de las circunscripciones) reconocía el trabajo realizado por los socialistas durante ese periodo, lo que se traducía en porcentajes de voto por encima del 20 o el 30% en todas las comunidades autónomas. Sin embargo, desde finales de los 90, y descontado el periodo de gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, los resultados en las elecciones generales parecen determinar un cambio de tendencia que se concreta en que el PSOE obtiene unos resultados muy diferentes entre unas y otras comunidades autónomas. Así, destacan por ejemplo los pobres resultados en las elecciones de diciembre de 2015 en Cataluña (15%), Madrid (17%), Navarra (15%) o País Vasco (13%), que contrastan con los de Andalucía (31%), Extremadura (36%) o Castilla-La Mancha (28%).

Además de la distribución geográfica, algunos otros datos deberían preocupar a la dirección del PSOE: los barómetros del CIS establecen desde hace tiempo el descenso de votantes en las grandes ciudades, así como entre los más jóvenes y entre los ciudadanos con un nivel mayor de formación. Del mismo modo, si tenemos en cuenta la autoubicación ideológica, veremos que cuanto más a la izquierda se considere el votante, menos posibilidades tiene de votar al PSOE.

Si alguna bondad tenía la postura de Pedro Sánchez en su obstinación por defender el NO a al PP y a Mariano Rajoy, es que parecía haber encontrado de nuevo un punto de conexión entre el PSOE y algunos sectores dentro del electorado que habían abandonado esta opción en favor de Podemos. De hecho, pese a la pérdida de escaños, el PSOE seguía ocupando una posición de centralidad política que le convertía en imprescindible para cualquier ecuación que condujera a la constitución de un gobierno. Eso, junto a cierta modernización en el mensaje y las formas, parecía marcar una senda de recuperación del voto que ya se anticipó tímidamente en las elecciones de junio de 2016, en las que se mejoró el resultado en todas las comunidades, incluidas aquellas con grandes núcleos urbanos como Madrid, Cataluña, País Vasco o Valencia, y con tan solo tres excepciones: Andalucía, Castilla la Mancha y Extremadura, casualmente las tres cuyos líderes regionales han abanderado la oposición a Sánchez.

A la luz de estos datos resulta paradójico que haya sido el propio PSOE, o al menos una parte del mismo, el que desde dentro haya torpedeado el camino que podría haber llevado a la recuperación electoral del partido.

Lo que sí parece cierto es que con las decisiones tomadas en el último mes, incluidas la creación de una gestora, la más que posible abstención en la investidura de Mariano Rajoy, y algunas insensateces en los medios, el PSOE parece abocado a reducir su presencia en aquellos lugares en los que debería crecer para ser de nuevo una opción real de gobierno, y al mismo tiempo convertirse en un partido muy focalizado en comunidades autónomas como Andalucía, Extremadura o Castilla la Mancha que, al menos de partida, no parecen representar electoralmente al conjunto del país.

El PSOE corre el grandísimo riesgo de dejar de parecerse a España (si no lo ha hecho ya), y sus nuevos responsables de asemejarse cada vez más a los protagonistas de “Los Otros”, la magnífica película de Alejandro Amenábar en la que los protagonistas vagaban por su viejo caserío sin saber que hacía tiempo que no eran otra cosa que fantasmas, un puñado de muertos vivientes.

Del 72, historiador vocacional, trabajo en una ONG en la que me ocupo de las alianzas con el sector privado y de la incidencia política. Adicto a la información, me interesa casi cualquier cosa que pasa a mi alrededor. Futbolero en retirada, seriéfilo, y tan cándido como para pensar que todavía se pueden cambiar las cosas. Me gusta pensar y escribir sobre políticas públicas y partidos.
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