Un PSOE desconectado y roto, por ese orden

lavadoraEl PSOE está roto porque lleva demasiado tiempo desconectado.

La socialdemocracia nació porque fue capaz de articular la respuesta más social y democrática ante la formidable crisis europea de los años 30 y 40 (guerra mundial incluida). Y está gravemente herida porque, en estos principios del siglo XXI, ha fallado allí precisamente donde hace 100 años funcionó mejor que ninguna otra corriente política. EL PSOE no acertó a formular una respuesta ante la crisis, y la crisis nos desconectó del electorado joven, urbano y mejor formado, justamente al que más expectativas de futuro se le esfumaron. Que parecida desconexión le haya sucedido a buena parte de la democracia europea no es excusa. Ni consuelo.

En otro ámbito, el territorial, nos hemos dejado arrastrar al campo de juego de la derecha más inmovilista, aceptando, como un mantra y en contra de lo hecho por gobiernos socialistas anteriores, que no se puede pactar ni con los independentistas ni con quien pacta con los independentistas. Y así nos hemos desconectado también de la sociedad vasca, catalana y gallega hasta difuminarnos en la irrelevancia. No hemos estado a la altura, por incomparecencia, en el desafío institucional lanzado desde Cataluña.

Y desde luego, no nos hemos sabido manejar en el escenario que, desde el 20D, nos ha adentrado en un multipartidismo que, admitámoslo de una vez por todas, ha llegado para quedarse. Ese corto trecho (apenas un año) lo hemos abordado desde una estrategia de “limitación de daños propios”, como si hubiésemos interiorizado la profecía de que, hiciésemos lo que hiciésemos, íbamos a morir de todas formas. Una profecía formulada interesadamente desde nuestra izquierda y desde nuestra derecha, según la cual sólo nos cabía decidir el camino menos doloroso hacia el cadalso. Ese enfoque melindroso no es propio de un partido confiado, valiente y decidido, y nos ha desconectado, primero, de la gente ilusionada por la posibilidad del cambio y, de proseguir, logrará algo mucho peor: desconectarnos hasta de nuestros propios militantes. Logrará, si no lo remediamos, dejar en partido en cuadro, o más exactamente, que en el PSOE sólo acaben por quedarse sus cuadros (territoriales, fundamentalmente).

Hubo una época en que nuestro partido era capaz de crear su propio discurso. Aún no es tarde para crearlo de nuevo, empezando por abordar bajo un nuevo enfoque las cosas verdaderamente importantes.

En primer lugar, debemos reconocer que es necesario un nuevo pacto territorial para un encaje de Cataluña en España aceptable para ambas partes y promoverlo sin miedo a cambiar la Constitución ni a hablar del derecho a decidir este encaje por parte de la sociedad catalana. No es irresponsable implicar a los independentistas en la gobernabilidad del país. Como se ha visto durante estos últimos años de deriva soberanista, lo irresponsable para España es, precisamente, no intentarlo.

En segundo lugar, debemos resituarnos en la vanguardia del pensamiento modernizador. Durante la última década no nos hemos esforzado lo suficiente para explicar las verdaderas razones de la crisis económica ni las cambios a realizar para que nuestra sociedad sea menos vulnerable ante los desafíos de la globalización y la tecnología. Cambios que pasan, invariablemente, por la mejora de la educación a todos sus niveles y por aumentar nuestra productividad a base de I+D, formación y cultura emprendedora. De la misma manera que es de lamentar nuestra pérdida de credibilidad entre las clases medias urbanas, es un orgullo que, como indica el CIS, la gente que menos tiene siga confiando en nosotros. En PSOE no puede hacer dejación de su papel de explicar los desafíos del complejísimo mundo en que vivimos precisamente a la gente que menos tiene o que más problemas tiene para comprenderlo. Y, junto a ello, debemos articular políticas viables y vanguardistas que protejan a esas gentes y les den las mayores oportunidades en ese mismo mundo.

También sería sensato dejar de temer el multipartidismo y aprender a navegar en él, aceptando que los tiempos de las hegemonías claras acabaron y considerar, sin ambages, tanto a Podemos y a Ciudadanos como potenciales socios en la gobernabilidad de las instituciones del Estado, como ya se hace a nivel autonómico y municipal. En concreto, la relación con Podemos ha sacado a la luz nuestros peores miedos e inseguridades. Hasta tal punto, que el miedo al eslogan PPSOE condiciona nuestra posición sobre la investidura. Dado que, hagamos lo que hagamos, nunca dejaremos de ser blanco de las críticas de nuestros adversarios (pues en ello consiste precisamente el juego de la comunicación política), es mejor que hagamos aquello que al conjunto del país interesa y no lo que el adversario opine que tenemos que hacer. Este punto es muy importante: hasta ahora Podemos, con menos fuerza, ha condicionado más la política del Partido Socialista de lo que nosotros los hemos condicionado a ellos. Al país le conviene que esto cambie.

Finalmente, el Partido Socialista debe ser un ejemplo de partido deliberativo, capaz de convertir la crítica en energía transformadora para mantener a la organización permanentemente en vanguardia, realizando para ello cambios internos para adaptarnos a una sociedad cada vez mejor informada y participativa, de la cual nuestros militantes forman parte. Incorporar a los militantes a los procesos de decisión no sólo consiste en realizar consultas puntuales, sino también bajar a la arena de las agrupaciones a debatir posturas y estrategias. España no necesita un PSOE asambleario, pero el PSOE tampoco puede dejar a los militantes desconectados del partido.

En definitiva, cuatro cambios sustanciales en el ámbito político, en el económico, en nuestra de relación con otros partidos y, finalmente, en el modelo organizativo. Cambios que no pueden esperar, independientemente de quién gobierne en España y de nuestra posición en relación a la gobernabilidad.

El partido socialista se ha roto porque previamente se desconectó de la sociedad española. Y ni gestoras, ni congresos (exprés o no), conseguirán ponerlo de nuevo a funcionar a menos que adopte los cambios urgentes que lo vuelvan a conectar.

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