Políticos egoístas y ciudadanos desencantados

Los humanos somos una especie egoísta que adolece de una innata incapacidad para reconocer los errores propios. La verdad es que somos muy buenos a la hora de detectar los fallos ajenos y pasar por alto o directamente redirigir la culpa de los cometidos por nosotros mismos. Esto tiene una traslación muy clara en los partidos políticos: ya saben aquello de que “los políticos de un país son el fiel reflejo de cómo es la sociedad en la que se desenvuelven”.

Si esto es así, no podemos decir demasiadas cosas buenas de la sociedad española, ya que nos hemos dotado de unos partidos y de unos políticos a los que le cuesta horrores reconocer un desliz o incluso admitir una crítica. Lo hemos visto en actitudes individuales, como la del exministro Trillo, incapaz de reconocer la cadena de fallos que se produjeron tras la catástrofe del Yak-42; pero también lo vemos casi día a día cuando escuchamos las comparecencias de los portavoces de los principales partidos o de los gobiernos de turno.

Que los partidos llevan años haciendo las cosas mal resulta bastante evidente para todos. En el último barómetro del CIS, el 67% de los españoles afirmaba que la situación política de España era mala o muy mala; y un 24% elegía a los políticos y sus partidos como uno de los tres principales problemas del país. Paradójicamente, no parece que ninguno de los líderes y responsables de los partidos mayoritarios haya creído realmente que es necesario transformar su funcionamiento a fin de revertir esta situación.