De qué hablamos las mujeres cuando hablamos de Feminizar la Política

Ilustración Dani García-Nieto. @elojoquemuerde

La última polémica desatada por el líder de la formación morada –no sé si voluntaria o involuntariamente- lo ha sido a vueltas de su propuesta de Feminizar la Política. Al menos ha servido para poner el foco sobre el tema. Y también, para mostrar hasta qué punto existen interpretaciones distintas del concepto “Feminización”.

A muchas personas las palabras de Pablo Iglesias nos parecieron retrógradas y dañinas porque asimilan “mujer” con “cuidado” y “madre”. Ese modelo de feminización asimila la condición de mujer al rol de cuidadora y a la maternidad. La lucha por la liberación de las mujeres va, entre otras cosas, de romper esa asociación inexorable heredada de siglos de cultura patriarcal. Las mujeres somos cuidadoras o no. Somos madres o no. E incluso si somos madres, somos mucho más que madres. O, al menos, luchamos por serlo. Esa visión idílica de la mujer como mater dulcisima, amantisima et felicissima tiene mucha más relación con el modelo católico tradicional de feminidad que con una ideología feminista de izquierdas.

Averly: el concejal de Urbanismo frente a su laberinto

No me fío de las teorías conspirativas: sólo funcionan bien en las pelis americanas. Por eso he de confesar que cuando leí el post de Alberto Cubero, concejal de Servicios Entrada_AverlyPúblicos  del Ayuntamiento de Zaragoza, se me erizó el vello. ¿De verdad que el desgraciado asunto de Averly se puede resumir así?: “al final los especuladores y su brazo político (PP, PSOE y Cs) han logrado sus objetivos”.

Desde luego, es una explicación que cabe en un tweet. Correrá como la pólvora. Pero ya sólo por lo simplona yo desconfiaría de ella. Es más, me parece que es una excusa muy pobre que no logra disimular todo el catálogo de torpezas y carencias desplegado por el responsable de la gestión de este asunto, el Concejal de Urbanismo.

Comprender la deriva hacia el terrorismo yihadista

mosultEn España estamos empezando a tratar con un fenómeno social que hubiera sido impensable hace apenas 40 años: una parte importante de nuestra población es de origen extranjero. Pero muchos de ellos ya son españoles. Incluso, muchos de ellos ya han nacido en España.

Son españoles de hecho y de derecho pero tienen un bagaje cultural y religioso variopinto y en ocasiones mal comprendido, especialmente cuando se trata de la religión musulmana. Así que no es aventurado decir que en España tenemos un porcentaje relevante de ciudadanos que lidian cotidianamente con situaciones de “alteridad”, ya sea en carne propia o en ajena: porque “son distintos” o porque “se enfrentan al distinto”.

Estos debates, estas tensiones, llevan años viviéndose en otros países y en otras sociedades. “No innoves. Copia”. Creo que se lo oí a Emilio Duró. En todo caso, es una buena reflexión: cualquier problema que se nos plantea en la vida ya ha sido experimentado por otros antes. Así que es una buena idea mirar alrededor para analizar cómo otros han tratado de dar respuesta a situaciones que para nosotros son nuevas aprendiendo de sus aciertos y de sus errores. En esta materia, Bélgica lleva a España algunas décadas de adelanto. Por eso os proponemos hoy la lectura de un artículo de Corinne Torrekens publicado originalmente en la revista La Revue Nouvelle y en el que analiza, en el contexto belga, la deriva hacia el terrorismo yihadista. Como veréis, los paralelismos con la situación española son prácticamente totales. Las lecciones a aprender, también. 

El PSOE es como la Tardis: bigger on the inside

tardisYo soy una alcaldesa socialista. Así que a nadie extrañará que, a cinco días del 20D, les diga que yo voto al PSOE. En todo caso, en esta campaña tan desquiciada y sorpresiva como el humor de un adolescente, me gustaría trasladarles mi opinión.

Desde el surgimiento de los partidos emergentes –primero Podemos, luego Ciudadanos- la construcción del relato político español ha girado en torno a la valoración del pasado. Los partidos nuevos, como nuevos que son, se hicieron fuertes identificando “lo existente” con “lo viejo” y “lo viejo” con “lo negativo”. Así nos envolvimos de términos como casta, vieja política¸y un conocido etcétera de conceptos y adjetivos peyorativos que contrastaban eficazmente con el otro lado del espejo: “lo inexistente” se identificaba con “lo nuevo” y, a su vez, “lo nuevo” con “lo positivo”.

Vamos nena, cántanos algo

La Fornarina- Valenpedia
Consuelo Vello, La Fornarina. Foto: Valenpedia. Archivo Las Provincias

Si yo les pregunto por las grandes voces del jazz, ¿en quién piensan? Ella Fitzgerald. Billy Holliday, Sarah  Vaughan. Casi siempre mujeres. ¿Y si les pregunto por instrumentistas del jazz? Amstrong, Coltrane. Parker. No hacen falta nombres. Son casi siempre hombres.

Las mejores cantantes de jazz son mujeres. En cambio, apenas hay mujeres que destaquen como instrumentistas. Esta circunstancia se repite en el flamenco, en la música latina, incluso en la clásica. Hasta en las orquestas de verbenas o en las bandas. Ellas cantan y bailan, pero no tocan. ¿Por qué? ¿Es un comportamiento innato o, por el contrario, es algo aprendido y condicionado culturalmente?

Sobre el Desarrollo, lo Rural y la Sostenibilidad (aunque no necesariamente en ese orden)

foto: JMJulve
foto: JMJulve

No se rían de los estereotipos. Es un error. Los estereotipos son como las meigas: que no existen, pero haberlas, haylas. Pongamos un ejemplo. ¿Cómo son los finlandeses? Está claro: los finlandeses aman la soledad, el silencio y los lagos helados en medio de inmensos bosques de abedules. Y los españoles somos animales sociales y ruidosos, de familia amplia y con una tendencia innata a la organización de comidas y cenas multitudinarias. Nada más alejado del concepto de felicidad española que el concepto de felicidad finlandesa.

Y sin embargo, finlandeses y españoles tenemos muchas cosas en común.