Prestaciones por hijo a cargo: la mejor política social para las próximas generaciones

En 1996 más del 50% de los hijos de los nativos cherokee del estado de Carolina del Norte vivían en condiciones de pobreza, apenas terminaban la educación secundaria y los altos porcentajes de fracaso escolar solo eran comparables a los de delincuencia juvenil, consumo de drogas y abuso del alcohol. Veinte años después, esos niños se han convertido en treintañeros, la tasa de criminalidad ha descendido de forma radical, y el consumo de alcohol y drogas también se ha reducido drásticamente. Además, muchos más niños nativos se gradúan en el instituto, y la tasa de embarazo entre adolescentes ha caído en picado.

¿Qué ha ocurrido en este tiempo para que esos jóvenes que parecían abocados a la marginalidad hayan logrado reconducir sus vidas?

Desde aquel año, todas la familias cherokee del estado comenzaron a recibir una prestación anual proveniente de los beneficios de la apertura de un casino en el estado (en EEUU, desde 1988 las “naciones nativas americanas” no pagan impuestos por los establecimientos de juego) lo que rápidamente se tradujo en una mejora generalizada de las condiciones de vida de un grupo étnico que, hasta ese momento, se encontraba entre los más deprimidos de Estados Unidos.

Pero este no es un caso aislado. Diversas investigaciones han demostrado que pequeñas mejoras en los ingresos de las familias en situación de pobreza se traducen automáticamente en la mejora de las condiciones de vida de los niños que viven en ellas. Continúa leyendo Prestaciones por hijo a cargo: la mejor política social para las próximas generaciones

Por qué la izquierda tiene que ser de izquierdas*

Vivimos en una sociedad cada vez más desigual. Las estadísticas muestran que en los últimos 35 años las sociedades desarrolladas han cambiado la tendencia de crecimiento más o menos igualitario mantenido durante las tres «décadas gloriosas» del capitalismo, por otra en la que los más ricos han crecido muy por encima de la mayor parte de la población, en un fenómeno de acumulación de capital prácticamente desconocido desde la revolución industrial. Las cifras de productividad y salario medio son un buen dato para entenderlo: si tomamos el año 1945 como punto de partida, la productividad alcanzó un 400% en 2010, mientras que los salarios medios de un trabajador alcanzaron tan solo un 210% respecto a mediados de los 40.

Como bien explica Wolfang Streeck en Comprando tiempo, la desregulación financiera y laboral iniciada a finales de los setenta y que todavía sufrimos, junto con la reducción de la fiscalidad de los estados, ha conducido a un mayor endeudamiento de las economías nacionales y al consiguiente crecimiento de las desigualdades como consecuencia de la pérdida de empleos y del empeoramiento de las condiciones laborales de muchos trabajadores. Continúa leyendo Por qué la izquierda tiene que ser de izquierdas*