Políticos egoístas y ciudadanos desencantados

Los humanos somos una especie egoísta que adolece de una innata incapacidad para reconocer los errores propios. La verdad es que somos muy buenos a la hora de detectar los fallos ajenos y pasar por alto o directamente redirigir la culpa de los cometidos por nosotros mismos. Esto tiene una traslación muy clara en los partidos políticos: ya saben aquello de que “los políticos de un país son el fiel reflejo de cómo es la sociedad en la que se desenvuelven”.

Si esto es así, no podemos decir demasiadas cosas buenas de la sociedad española, ya que nos hemos dotado de unos partidos y de unos políticos a los que le cuesta horrores reconocer un desliz o incluso admitir una crítica. Lo hemos visto en actitudes individuales, como la del exministro Trillo, incapaz de reconocer la cadena de fallos que se produjeron tras la catástrofe del Yak-42; pero también lo vemos casi día a día cuando escuchamos las comparecencias de los portavoces de los principales partidos o de los gobiernos de turno.

Que los partidos llevan años haciendo las cosas mal resulta bastante evidente para todos. En el último barómetro del CIS, el 67% de los españoles afirmaba que la situación política de España era mala o muy mala; y un 24% elegía a los políticos y sus partidos como uno de los tres principales problemas del país. Paradójicamente, no parece que ninguno de los líderes y responsables de los partidos mayoritarios haya creído realmente que es necesario transformar su funcionamiento a fin de revertir esta situación.

Los Otros

nicole-kidman-los-otros-escenaEs una frase de esas, muy manida, que uno tiene que reconocer que comparte (o compartía): “el PSOE es el partido que más se parece a España”. No solo eso. El PSOE es también la organización política que tradicionalmente mejor ha entendido a la sociedad española. Gran parte de ese mérito se debe a Felipe González, seguramente uno de los personajes más importantes del siglo XX para nuestro país; el político que supo transformar una organización que apenas contaba con respaldo al final de franquismo, para convertirlo en una auténtica máquina de ganar elecciones en apenas media docena de años. Pero también el que asumió como propia la tarea de modernizar el país en un tiempo récord favoreciendo la entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea; impulsando una (socialmente) costosa pero necesaria reconversión industrial; creando los pilares sanitario y educativo de un estado de bienestar en mantillas; estableciendo un sistema de pensiones con el consenso de todos los partidos; y desarrollando una red de infraestructuras propia de una economía que aspiraba a figurar entre las veinte primeras del mundo.

En apoyo de la regeneración democrática

elpaisconlaconstitucionEl PSOE, con la convocatoria del congreso exprés por parte de Pedro Sánchez y la consiguiente dimisión de casi la mitad de su ejecutiva, vive su momento más trascendental desde el órdago que Felipe González lanzó al partido en 1979 para que éste abandonara el marxismo. Como entonces, la crisis de ahora es triple: generacional, ideológica y de conexión con la sociedad.

Los jóvenes dirigentes que se auparon a la dirección del PSOE a finales de los años 70 consiguieron, con su golpe de timón, virar hacia la socialdemocracia moderna y re-conectar con una sociedad civil en ebullición tras décadas de abotargamiento bajo la bota de la dictadura. Al igual que entonces, el PSOE de ahora sufre una “desconexión social” galopante, especialmente entre la gente joven y urbana. Una brecha que se ha ido agrandando al mismo ritmo que sus dirigentes envejecían y que el modelo de partido de 1979 se deshilachaba ante el empuje de una sociedad a la que la crisis ha puesto de nuevo en pie.

Sobre argumentos espurios y sistemas electorales

800px-jean-jacques_rousseau_painted_portraitRepetir muchas veces un argumento puede que sirva para cambiar el estado de opinión de la ciudadanía, pero no suele servir para cambiar las leyes de un país. Podemos repetir de forma incesante que “debe gobernar el partido que más escaños ha obtenido”; o que “los ciudadanos nos han enviado a la oposición”; pero por mucho que lo repita el interesado, ya sea ministro, presidente de comunidad o simple ciudadano, no dejará de ser una opinión sin fundamento.

Me explico: nuestro país, al igual que muchas otras democracias modernas, dispone de un sistema electoral según el cual no es presidente, o alcalde, el candidato que obtiene más votos/escaños/concejalías en unas elecciones, sino el que consigue formar una mayoría que lo sustente al frente de esa institución. Esto significa que, como decimos, ser el más votado no implica automáticamente gobernar.

El clan del cassoulet

En los años heroicos de la Transición, fruto del ahora denostado Régimen del 78, hubo un grupo de socialistas a quienes llamaban el clan del cassoulet, pues eran hijos del exilio y se criaron en Toulouse. El cassoulet es un plato del sur de Francia guisado a base de judías blancas, salchicha de Toulouse y confit de pato, todo ello gratinado.

No queremos ser pretenciosos; ellos se lo ganaron más que nosotros. Pero el equipo glocal se reúne off line de vez en cuando para hablar de política al calor de un plato de cassoulet, un vino de Burdeos y un calvados. Ayer salieron temas como Podemos, el próximo gobierno, la política en EEUU y alguna serie de televisión.

Esta es mi visión del menú:

CASSOULET

¿Por qué la teoría de juegos predice que Sánchez será presidente?

Nash-Joven
John Forbes Nash

Es posible que la puesta de largo del próximo gobierno coincida con el primer aniversario de la muerte de John Nash (1928, 2015), el genial matemático experto en teoría de juegos que recibió en 1994 el premio Nobel por sus aportaciones al modelado y estudio de los procesos de cooperación y negociación y cuya vida fue llevada al celuloide en la célebre película “Una mente maravillosa”, protagonizada por Russell Crowe y ganadora de varios óscars.

Entre su legado matemático aparece el llamado “equilibrio de Nash”, que define la situación en la que ninguno de los participantes en un determinado juego tiene nada que ganar si cambia de estrategia. Uno de los objetivos de cualquier dinámica de cooperación consiste, entonces, en asegurarse que la estrategia más beneficiosa para todos los participantes en una determinada empresa es la de cooperar. Si los jugadores se llaman PP, C’s, PSOE y Podemos, y si la empresa es la de investir un presidente sin romper el juego, es decir, sin convocar elecciones por segunda vez, tenemos un apasionante problema.

La política en tiempos de indignación

innerarity“La política en tiempos de indignación” es el último libro del filósofo Daniel Innerarity.

Vivimos semanas apasionantes en el terreno político, pues la actualidad se despliega con apabullante velocidad, a la vez que el relato de lo que sucede para la formación de gobierno sólo puede componerse del todo yuxtaponiendo múltiples planos y formatos, como en los mejores productos audiovisuales transmedia. De hecho, podemos cerrar los ojos por un momento e imaginarnos que los líderes de los partidos son, en realidad, personajes de un thriller por entregas, en el que el retorcido equipo de guionistas nos depara en cada episodio un nuevo giro de la trama. Fuego amigo, líneas rojas, vetos cruzados, sillones, ruedas de prensa simultáneas, escándalos de corrupción, filtraciones… el protagonista guaperas con la cuasi-imposible tarea de formar un gobierno en franca minoría, el presidente saliente, viejo lobo, aún al mando de muchos de los resortes del poder y dispuesto a morir arrasándolo todo. Los jóvenes y sobradamente preparados aspirantes (mención especial aquí al equipo de vestuario), a izquierda y derecha lanzando dardos envenenados y generando, en cada tertulia, el efectista titular definitivo.

Las pistas que nos deja el inicio de legislatura

Patxi lopez 1024x1024Vivimos buenos tiempos para la política en España: el 20-D dio voz, por fin, y 4 años después del 15-M, a una parte importante de la sociedad que no se sentía representada en el parlamento que nació de las elecciones del 2011. Las largas vacaciones navideñas y el consiguiente vacío informativo tras las elecciones, a su vez, dieron voz a los descontentos con la actual ejecutiva federal del PSOE, que trataron (en su derecho están) de segar la hierba bajo los pies del Secretario General. El inicio de legislatura esta misma semana dio voz, como debe ser, a los representantes elegidos democráticamente para pilotar un nuevo tiempo en la historia política española.

Inauguramos un tiempo político que ha de afrontar grandes retos: el democrático, el económico, el social, el medioambiental, y el territorial. 5 colosales desafíos para los que se precisan lo mejor de cada uno de nosotros. Se trata de que, cada una de las formaciones políticas que encarnan el parlamento, ahora sí reflejo de la pluralidad política española, dejen de mirar a las cámaras y se remanguen para reconstruir el edificio del país que habitaremos en los próximos 40 años.

Palabras y gestos

imageHay  algo que Podemos hace mucho mejor que ningún otro partido en España, y es manejar las palabras y el contenido de sus mensajes, que se cuelan sistemáticamente en todos los medios de comunicación, que muerden el anzuelo y proporcionan a esta formación un escaparate público como el que no se recuerda en este país.

Lo llevamos viendo desde hace dos años, desde aquel día en que Pablo Iglesias decidió dar el salto de los sillones de las tertulias de La Sexta a los asientos del Parlamento de Bruselas a base de conceptos como el de “casta”, “clase política”, “emergencia social” o, con gestos como los de la semana pasada durante la toma de posesión de las actas de diputados. El caso es que llevamos mucho tiempo hablando de todo lo que la gente de Podemos quiere que hablemos, y como es de todos conocido, no hay nada como manejar el lenguaje y el discurso para llevar la iniciativa en todo lo demás: si alguien te dice que no pienses en un elefante es muy difícil que en tu mente no aparezca un tremendo bicho gris con colmillos y trompa, eso ya nos lo enseñaron hace tiempo, pero parece que solo los más listos estuvieron aquel día en clase porque de momento son los únicos que parecen comprender cómo se hacen hoy en día las cosas.

Alta y baja política

parlamentoVacioHan pasado varias semanas desde las elecciones del 20 de Diciembre de 2015. Aquéllas en que, por primera vez, los españoles votaron una composición del Congreso de los Diputados que hace muy compleja la formación de un gobierno. Con una oferta política más plural que nunca, la ciudadanía castigó a los dos partidos que han gestionado la década de la crisis (PP y PSOE), sin llegar a depositar su confianza en los nuevos (Podemos y Ciudadanos).

Como advertíamos en Glocalistas el mismo día de la jornada de reflexión, no son lo mismo encuestas que escaños, de ahí la frustración mal disimulada de Podemos y Ciudadanos ante unos resultados que les dejaban lejos de los ansiados “sorpassos” y su apelación, con las urnas aún calientes, a un cambio en la fórmula que traduce votos a actas de diputados.

Con la maquinaria institucional aún parada y las Navidades de por medio, las semanas transcurridas desde las elecciones no han podido ser más propicias para las declaraciones, las especulaciones y las escaramuzas. Cada agente político o mediático ha jugado, en estas fechas vacacionales, su particular partida de póker. Una partida que se juega con un ojo en las negociaciones inmediatas para formar gobierno y otro en la posibilidad de que, en realidad, estas elecciones no hayan sido sino una primera vuelta. No se entendería mucho de lo que ocurre estos días si no interpretásemos la actualidad política, de nuevo, en clave de pre-campaña.