Sobre argumentos espurios y sistemas electorales

800px-jean-jacques_rousseau_painted_portraitRepetir muchas veces un argumento puede que sirva para cambiar el estado de opinión de la ciudadanía, pero no suele servir para cambiar las leyes de un país. Podemos repetir de forma incesante que “debe gobernar el partido que más escaños ha obtenido”; o que “los ciudadanos nos han enviado a la oposición”; pero por mucho que lo repita el interesado, ya sea ministro, presidente de comunidad o simple ciudadano, no dejará de ser una opinión sin fundamento.

Me explico: nuestro país, al igual que muchas otras democracias modernas, dispone de un sistema electoral según el cual no es presidente, o alcalde, el candidato que obtiene más votos/escaños/concejalías en unas elecciones, sino el que consigue formar una mayoría que lo sustente al frente de esa institución. Esto significa que, como decimos, ser el más votado no implica automáticamente gobernar.

Palabras y gestos

imageHay  algo que Podemos hace mucho mejor que ningún otro partido en España, y es manejar las palabras y el contenido de sus mensajes, que se cuelan sistemáticamente en todos los medios de comunicación, que muerden el anzuelo y proporcionan a esta formación un escaparate público como el que no se recuerda en este país.

Lo llevamos viendo desde hace dos años, desde aquel día en que Pablo Iglesias decidió dar el salto de los sillones de las tertulias de La Sexta a los asientos del Parlamento de Bruselas a base de conceptos como el de “casta”, “clase política”, “emergencia social” o, con gestos como los de la semana pasada durante la toma de posesión de las actas de diputados. El caso es que llevamos mucho tiempo hablando de todo lo que la gente de Podemos quiere que hablemos, y como es de todos conocido, no hay nada como manejar el lenguaje y el discurso para llevar la iniciativa en todo lo demás: si alguien te dice que no pienses en un elefante es muy difícil que en tu mente no aparezca un tremendo bicho gris con colmillos y trompa, eso ya nos lo enseñaron hace tiempo, pero parece que solo los más listos estuvieron aquel día en clase porque de momento son los únicos que parecen comprender cómo se hacen hoy en día las cosas.