Un PSOE desconectado y roto, por ese orden

lavadoraEl PSOE está roto porque lleva demasiado tiempo desconectado.

La socialdemocracia nació porque fue capaz de articular la respuesta más social y democrática ante la formidable crisis europea de los años 30 y 40 (guerra mundial incluida). Y está gravemente herida porque, en estos principios del siglo XXI, ha fallado allí precisamente donde hace 100 años funcionó mejor que ninguna otra corriente política. EL PSOE no acertó a formular una respuesta ante la crisis, y la crisis nos desconectó del electorado joven, urbano y mejor formado, justamente al que más expectativas de futuro se le esfumaron. Que parecida desconexión le haya sucedido a buena parte de la democracia europea no es excusa. Ni consuelo.

Sobre la crisis del PSOE

Un destacado dirigente local del PSOE, con varios años en cargos orgánicos e institucionales, suele contar una anécdota para ilustrar la forma en que se gestionan, con “mano de hierro”, las agrupaciones del partido en su ciudad. Recuerda una asamblea de su agrupación en la que, una vez hechas las cuentas de los asistentes, fue consciente de que iban a perder el control de la misma. Antes de que se llevara a cabo la votación habló con el responsable de la instalación municipal donde se celebraba la asamblea (también del partido), y le convenció para provocar un apagón que impidiera continuar con la reunión. Una semana después, reanudada la asamblea, fue capaz de llevar a un número superior de afiliados y ganó la votación. Han pasado 25 años de aquello, él aún sigue al frente de la agrupación, y además ocupa un puesto en el consistorio municipal.

Recuerdo esta anécdota casi siempre que pienso en los problemas organizativos de los partidos políticos españoles en general, y del PSOE en particular, y lógicamente me vino a la cabeza el pasado 1 de octubre, durante la celebración del Comité Federal que terminó con la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general de los socialistas.

Los Otros

nicole-kidman-los-otros-escenaEs una frase de esas, muy manida, que uno tiene que reconocer que comparte (o compartía): “el PSOE es el partido que más se parece a España”. No solo eso. El PSOE es también la organización política que tradicionalmente mejor ha entendido a la sociedad española. Gran parte de ese mérito se debe a Felipe González, seguramente uno de los personajes más importantes del siglo XX para nuestro país; el político que supo transformar una organización que apenas contaba con respaldo al final de franquismo, para convertirlo en una auténtica máquina de ganar elecciones en apenas media docena de años. Pero también el que asumió como propia la tarea de modernizar el país en un tiempo récord favoreciendo la entrada de España en la OTAN y en la Unión Europea; impulsando una (socialmente) costosa pero necesaria reconversión industrial; creando los pilares sanitario y educativo de un estado de bienestar en mantillas; estableciendo un sistema de pensiones con el consenso de todos los partidos; y desarrollando una red de infraestructuras propia de una economía que aspiraba a figurar entre las veinte primeras del mundo.

En apoyo de la regeneración democrática

elpaisconlaconstitucionEl PSOE, con la convocatoria del congreso exprés por parte de Pedro Sánchez y la consiguiente dimisión de casi la mitad de su ejecutiva, vive su momento más trascendental desde el órdago que Felipe González lanzó al partido en 1979 para que éste abandonara el marxismo. Como entonces, la crisis de ahora es triple: generacional, ideológica y de conexión con la sociedad.

Los jóvenes dirigentes que se auparon a la dirección del PSOE a finales de los años 70 consiguieron, con su golpe de timón, virar hacia la socialdemocracia moderna y re-conectar con una sociedad civil en ebullición tras décadas de abotargamiento bajo la bota de la dictadura. Al igual que entonces, el PSOE de ahora sufre una “desconexión social” galopante, especialmente entre la gente joven y urbana. Una brecha que se ha ido agrandando al mismo ritmo que sus dirigentes envejecían y que el modelo de partido de 1979 se deshilachaba ante el empuje de una sociedad a la que la crisis ha puesto de nuevo en pie.

Sobre argumentos espurios y sistemas electorales

800px-jean-jacques_rousseau_painted_portraitRepetir muchas veces un argumento puede que sirva para cambiar el estado de opinión de la ciudadanía, pero no suele servir para cambiar las leyes de un país. Podemos repetir de forma incesante que “debe gobernar el partido que más escaños ha obtenido”; o que “los ciudadanos nos han enviado a la oposición”; pero por mucho que lo repita el interesado, ya sea ministro, presidente de comunidad o simple ciudadano, no dejará de ser una opinión sin fundamento.

Me explico: nuestro país, al igual que muchas otras democracias modernas, dispone de un sistema electoral según el cual no es presidente, o alcalde, el candidato que obtiene más votos/escaños/concejalías en unas elecciones, sino el que consigue formar una mayoría que lo sustente al frente de esa institución. Esto significa que, como decimos, ser el más votado no implica automáticamente gobernar.

¿Por qué la teoría de juegos predice que Sánchez será presidente?

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John Forbes Nash

Es posible que la puesta de largo del próximo gobierno coincida con el primer aniversario de la muerte de John Nash (1928, 2015), el genial matemático experto en teoría de juegos que recibió en 1994 el premio Nobel por sus aportaciones al modelado y estudio de los procesos de cooperación y negociación y cuya vida fue llevada al celuloide en la célebre película “Una mente maravillosa”, protagonizada por Russell Crowe y ganadora de varios óscars.

Entre su legado matemático aparece el llamado “equilibrio de Nash”, que define la situación en la que ninguno de los participantes en un determinado juego tiene nada que ganar si cambia de estrategia. Uno de los objetivos de cualquier dinámica de cooperación consiste, entonces, en asegurarse que la estrategia más beneficiosa para todos los participantes en una determinada empresa es la de cooperar. Si los jugadores se llaman PP, C’s, PSOE y Podemos, y si la empresa es la de investir un presidente sin romper el juego, es decir, sin convocar elecciones por segunda vez, tenemos un apasionante problema.

La política en tiempos de indignación

innerarity“La política en tiempos de indignación” es el último libro del filósofo Daniel Innerarity.

Vivimos semanas apasionantes en el terreno político, pues la actualidad se despliega con apabullante velocidad, a la vez que el relato de lo que sucede para la formación de gobierno sólo puede componerse del todo yuxtaponiendo múltiples planos y formatos, como en los mejores productos audiovisuales transmedia. De hecho, podemos cerrar los ojos por un momento e imaginarnos que los líderes de los partidos son, en realidad, personajes de un thriller por entregas, en el que el retorcido equipo de guionistas nos depara en cada episodio un nuevo giro de la trama. Fuego amigo, líneas rojas, vetos cruzados, sillones, ruedas de prensa simultáneas, escándalos de corrupción, filtraciones… el protagonista guaperas con la cuasi-imposible tarea de formar un gobierno en franca minoría, el presidente saliente, viejo lobo, aún al mando de muchos de los resortes del poder y dispuesto a morir arrasándolo todo. Los jóvenes y sobradamente preparados aspirantes (mención especial aquí al equipo de vestuario), a izquierda y derecha lanzando dardos envenenados y generando, en cada tertulia, el efectista titular definitivo.

Las pistas que nos deja el inicio de legislatura

Patxi lopez 1024x1024Vivimos buenos tiempos para la política en España: el 20-D dio voz, por fin, y 4 años después del 15-M, a una parte importante de la sociedad que no se sentía representada en el parlamento que nació de las elecciones del 2011. Las largas vacaciones navideñas y el consiguiente vacío informativo tras las elecciones, a su vez, dieron voz a los descontentos con la actual ejecutiva federal del PSOE, que trataron (en su derecho están) de segar la hierba bajo los pies del Secretario General. El inicio de legislatura esta misma semana dio voz, como debe ser, a los representantes elegidos democráticamente para pilotar un nuevo tiempo en la historia política española.

Inauguramos un tiempo político que ha de afrontar grandes retos: el democrático, el económico, el social, el medioambiental, y el territorial. 5 colosales desafíos para los que se precisan lo mejor de cada uno de nosotros. Se trata de que, cada una de las formaciones políticas que encarnan el parlamento, ahora sí reflejo de la pluralidad política española, dejen de mirar a las cámaras y se remanguen para reconstruir el edificio del país que habitaremos en los próximos 40 años.