Por qué la izquierda tiene que ser de izquierdas*

Vivimos en una sociedad cada vez más desigual. Las estadísticas muestran que en los últimos 35 años las sociedades desarrolladas han cambiado la tendencia de crecimiento más o menos igualitario mantenido durante las tres «décadas gloriosas» del capitalismo, por otra en la que los más ricos han crecido muy por encima de la mayor parte de la población, en un fenómeno de acumulación de capital prácticamente desconocido desde la revolución industrial. Las cifras de productividad y salario medio son un buen dato para entenderlo: si tomamos el año 1945 como punto de partida, la productividad alcanzó un 400% en 2010, mientras que los salarios medios de un trabajador alcanzaron tan solo un 210% respecto a mediados de los 40.

Como bien explica Wolfang Streeck en Comprando tiempo, la desregulación financiera y laboral iniciada a finales de los setenta y que todavía sufrimos, junto con la reducción de la fiscalidad de los estados, ha conducido a un mayor endeudamiento de las economías nacionales y al consiguiente crecimiento de las desigualdades como consecuencia de la pérdida de empleos y del empeoramiento de las condiciones laborales de muchos trabajadores.