De lo rural y lo urbano: educación en Aragón y actores de cambio

En nuestro anterior artículo, abogábamos por ahondar en la compartición de experiencias entre el mundo rural y el urbano como el primer paso de un camino para que Aragón, cuya población se halla distribuida aproximadamente en un 50% entre ciudad y territorio, en lugar de desconectarse de sí misma, saque provecho a todo su potencial. Y si hay un ámbito en el que cualquier socialdemócrata aragonés debe fijar su atención, ése es el potencial de cambio de la educación en Aragón.

En el año 2009 la escuela de Alpartir (Zaragoza) –una pequeña escuela unitaria de treinta y cinco alumnos– empezó a desarrollar un proyecto centrado en la gestión de las emociones, la resolución de conflictos por los propios niños, la adquisición de habilidades de aprendizaje autónomo, y el desarrollo de las capacidades por encima de la mera asimilación de contenidos. Las paredes escolares se hicieron permeables, con los abuelos participando en la educación reglada de los nietos y los niños participando en la planificación municipal (al fin y al cabo, la educación es un derecho que no conoce de edades ni de planes de estudios). La escuela pasó a convertirse en el pulmón y el corazón del pueblo, la educación en el eje del proyecto comunitario. Siete años después, tanto la vida cultural y cívica de Alpartir como la propia gestión municipal se construye de la mano y en torno a la escuela, y el pueblo no sólo mantiene su población sino que, además, tiene una pirámide demográfica mucho más joven que la media de localidades de su tamaño. No es la típica localidad-dormitorio ni un pueblo de fin de semana o vacaciones, sino que, con sus 564 vecinos, Alpartir es un agente innovador. Y su escuela, incluida en la red Ashoka de emprendimiento social, es un change-maker: un actor de cambio.

Educación: coger velocidad es urgente

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Un gran profesor siempre nos decía que al evaluar la educación de un alumno,  lo importante no era tanto el promedio de sus notas como que éstas hubiesen ido mejorando (“¡lo importante no es el valor absoluto, sino la derivada!“). Es decir, que para saber hasta dónde puedes llegar en unos años cuenta más la velocidad que llevas que desde dónde empiezas.

Por eso al analizar actuaciones en políticas a largo plazo, como la Educación, es importante mirar las tendencias más que las posiciones o el gasto neto.

En las gráficas del gasto público en Educación en España, las épocas de gobiernos conservadores coinciden con estancamientos y retrocesos y las épocas de gobiernos socialdemócratas, en general, con aumentos sostenidos.

Es fácil quejarse del mal estado de la educación pública si cuando se ejercen responsabilidades a cualquier nivel, municipal, autonómico o nacional, se recorta el número de profesores. Si se aumentan las ratios de alumno por profesor, se deteriora y denigra el trabajo y la figura del maestro, la educación empeorará sin duda.

No puedo compartir que todos los políticos sean iguales. Unos llegan a acuerdos necesarios para mantener las instituciones educativas públicas vivas. Otros las menosprecian continuamente,  priorizando la Formula 1 en vez de las escuelas. Unos trabajan por un pacto educativo, y otros se lo cargan. En innovación, unos mantuvieron una financiación sostenida durante décadas y otros crean vacías Agencias de Investigación a coste cero el último día de la legislatura.

No podemos permitirnos más estancamiento. La Educación es un tema a largo plazo, y por eso coger velocidad es urgente. El domingo nos la jugamos.

Dejen al talento fluir libremente

einsteinBNLa primera Teoría de la Relatividad la enunció Galileo Galilei, a principios del siglo XVII y no hizo sino poner en lenguaje matemático el sentido común: si Alicia, y Benito están sentados uno al lado del otro en un banco del parque, se ven uno al lado del otro en reposo, y describen igual el vuelo de una paloma que pase. Esto no cambia si van los dos en un avión, o corriendo juntos (a velocidad constante). Si Alicia es triatleta y coge la bici, Benito la verá alejarse mientras corre, con una cierta velocidad, la misma con la que Alicia lo ve quedarse atrás. Su amigo Carlos, cómodamente sentado en otro banco del parque, ve más rápida a Alicia en la misma cantidad que Benito la ve alejarse. De eso precisamente va la Teoría de la Relatividad (la de Galileo y la de Einstein): de cómo traducir los datos de un observador (A, B, o C) según sea su movimiento relativo. No dice que “todo es relativo”, porque eso es obvio, ni tiene que ver con el relativismo filosófico tan de moda hace un tiempo (y al que Sokal dio el mejor “zasca” de la historia). La relatividad de Galileo es así de simple, puro sentido común.

Arriba los parias del dato

puñoLa pasada semana un tribunal de la Unión Europea, ante la demanda del activista austríaco Max Schrems, sentenció que los centros de datos de EE.UU no eran seguros para proteger los datos de los ciudadanos europeos. El caso, conocido como “Europa versus Facebook”, deja de considerar a Estados Unidos como un “puerto seguro” para nuestra información.

No deja de haber quiénes consideran que la sentencia, dictada pocas semanas después de que una agencia estadounidense destapara el escándalo de las falseadas emisiones contaminantes de los motores Volkswagen, ha de entenderse en una dinámica de soterrada guerra comercial Europa-EE.UU. Sea o no cierto, pensemos que Facebook tiene ya un valor bursátil de unos 270.000 millones de dólares, y que ha sido la compañía que más rápido ha llegado a ese valor en la historia. A su lado, Volkswagen valía 160.000 millones antes del escándalo, y 130.000 una semana después.