De qué hablamos las mujeres cuando hablamos de Feminizar la Política

Ilustración Dani García-Nieto. @elojoquemuerde

La última polémica desatada por el líder de la formación morada –no sé si voluntaria o involuntariamente- lo ha sido a vueltas de su propuesta de Feminizar la Política. Al menos ha servido para poner el foco sobre el tema. Y también, para mostrar hasta qué punto existen interpretaciones distintas del concepto “Feminización”.

A muchas personas las palabras de Pablo Iglesias nos parecieron retrógradas y dañinas porque asimilan “mujer” con “cuidado” y “madre”. Ese modelo de feminización asimila la condición de mujer al rol de cuidadora y a la maternidad. La lucha por la liberación de las mujeres va, entre otras cosas, de romper esa asociación inexorable heredada de siglos de cultura patriarcal. Las mujeres somos cuidadoras o no. Somos madres o no. E incluso si somos madres, somos mucho más que madres. O, al menos, luchamos por serlo. Esa visión idílica de la mujer como mater dulcisima, amantisima et felicissima tiene mucha más relación con el modelo católico tradicional de feminidad que con una ideología feminista de izquierdas.

Vamos nena, cántanos algo

La Fornarina- Valenpedia
Consuelo Vello, La Fornarina. Foto: Valenpedia. Archivo Las Provincias

Si yo les pregunto por las grandes voces del jazz, ¿en quién piensan? Ella Fitzgerald. Billy Holliday, Sarah  Vaughan. Casi siempre mujeres. ¿Y si les pregunto por instrumentistas del jazz? Amstrong, Coltrane. Parker. No hacen falta nombres. Son casi siempre hombres.

Las mejores cantantes de jazz son mujeres. En cambio, apenas hay mujeres que destaquen como instrumentistas. Esta circunstancia se repite en el flamenco, en la música latina, incluso en la clásica. Hasta en las orquestas de verbenas o en las bandas. Ellas cantan y bailan, pero no tocan. ¿Por qué? ¿Es un comportamiento innato o, por el contrario, es algo aprendido y condicionado culturalmente?